Juan Manuel Godoy, miembro de Matilda y conspirador de esa rareza rosarina llamada Planeta X, ha realizado un disco de canciones compuestas a partir de teclados de juguete. El cd-r (porque recordemos Planeta X edita en ese formato, toda una declaración de principios, tanto artísticos como económicos) contiene frágiles melodías y ninguna voz. Pero en su esencia existe una evidencia muy fuerte, una voz que canta bajito pero se hace notar.
A la hora de componer este disco, que quizás podríamos catalogar dentro del pop experimental (como para dejar tranquilos a los críticos de rock), Godoy se apropia de un instrumento poco convencional dentro de la música pop como es el teclado de juguete y a partir de él investiga una serie de problemas que se manifiestan no en las composiciones sino en la elección del medio y en los pensamientos que dispara la propia materialidad del instrumento.
En todo el disco, la niñez es evocada de manera mas o menos explicita, con títulos como Ser niño en la oscuridad o Creciendo y también desde la portada, en donde un niño parado en un planeta observa distintas estrellas o planetas lejanos. ¿Que es esta niñez que evoca Godoy? En primer lugar, y partiendo desde la apropiación de un instrumento poco usual, el músico ensaya un discurso sobre ciertas características del punk: la necesidad de volver hacia atrás en la historia y canalizar un sinfín de culturas subterráneas, la ejecución rudimentaria en la cual la emoción se posiciona antes que la técnica y la negación irrefrenable ante los usos y recursos culturales de la sociedad moderna. La elección del teclado de juguete no es menor ya que supone un deseo por volver a las fuentes, a los primeros pasos, a la temprana educación musical que todo niño experimenta y de la misma manera actualiza aquello que en un principio era virulento en el punk: la escasez de pericia instrumental. A la vez, la apropiación del instrumento resignifica y le da potencia al sentido bastante chabacano que el punk ha tenido en estas pampas, siempre ligado (salvando contadas excepciones) a una simple cuestión de insulsa agitación pública que a una subversión de las formas o contenidos musicales.
La niñez que Godoy quiere recuperar es aquella en la cual los prejuicios aun no florecieron y en la cual la música llega sin filtros y nos produce el efecto más potente de todos: el deseo de crear, por ende, el regalo del teclado de juguete.
En suma, una obra muy interesante que continua abierta a nuevas miradas, y a pesar de contener bellas melodías, nos lleva a reflexionar no a través de su ejecución sino a través de la elección del propio medio. Lo que se dice toda una obra de arte conceptual.
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